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Porque desaparecieron los dinosaurios

Desde hace 150 años se vienen descubriendo los restos fósiles de los animales más extraordinarios que hayan poblado la Tierra, los Dinosaurios. Los “reyes” de la Tierra durante unos 160 millones de años, cifra que nos cuesta imaginar con rapidez.

La Paleontología nos dice que ya existían pruebas de organismos vivos en las cercanías de la Era Arquezoica. Dichos organismos fueron desarrollándose con el paso de las centurias hasta la diversidad de fauna durante el período primario, en los mares cámbricos.

Los primeros moluscos y branquiópodos hicieron su aparición y continuaron desarrollándose con cada vez más tumultuosidad y variedad de las especies. En lo que respecta a la aparición de los primeros vertebrados no existe mucha información al respecto.

“Para los orígenes habría que remontarse a formas primitivas de las que el único descendiente actual, según W.K. Gregory sería el ANFIOXO, cuya evolución había comenzado al menos en el Cámbrico, si no es que a fines de la era proterozoica”

Pero no es sino en el Período Pérmico en donde podemos advertir diferencias esenciales en los reptiles. Algunos de ellos los animales terrestres que jamás hayan existido, unos rápidos, otros lentos, carnívoros y herbívoros, en tierra, mar y aires, bípedos o cuadrúpedos, pero no queremos extendernos porque existen infinidad de libros sobre el tema, algunos de ellos muy buenos como el del Dr. Josef Augusta y Zdenek Burian, “Los Animales Prehistóricos” y los “Colosos de las tierras y los Mares prehistóricos”.

sabemos que las rocas sedimentarias son las huellas verdaderas de los dinosaurios.
Los fósiles hoy encontrados nos hablan de sus costumbres y formas de vida y adaptación de esos animales, que los llevó a dominar y reinar durante millones de años.
En 1984 se realizó un descubrimiento antropológico que nos servirá para ejemplificar esto. “Un equipo de investigadores de Kenya y EE.UU., descubrió rastros humanoides de aproximadamente cinco millones de años de antigüedad que podrían pertenecer a unos lejanísimos antepasados del hombre. Ante este hallazgo que nos agrega dos millones de años más, queda relegada la anterior cifra de tres millones trescientos mil años como la mayor antigüedad del hombre. El jefe de la expedición, Andrew Hill explicó que se trataba de una quijada y dos dientes, hallados en una roca superficial, cerca del lago “Tugen” en Kenya Central. Afirmó también que “son dos millones de años más viejos que todo lo conocido y muchas cosas pueden ocurrir en dos millones de años”.

Pues bien los dinosaurios superaron esa cifra unas ¡VEINTINUEVE VECES! Aproximadamente.
Con esto hasta parece quedar empequeñecida nuestra existencia en la misma Tierra sin necesidad de advertir nuestra real situación astronómicamente hablando. Los Dinosaurios que fueron verdaderos REYES del planeta en lo que a cantidad de tiempo de existencia se refiere.
Nuestra imaginación parece pues descorrer el velo del tiempo. Nos imaginamos un día cualquiera de la época secundaria, cálido, muy húmedo y confortable, ideal para los reptiles. Grandes selvas y estanques creaban un clima frugal, enteramente verde. Podemos “ver” algunos reptiles herbívoros (Stegosaurus) con sus placas óseas (según algunos investigadores usadas como defensa, aunque también se piensa que tenían la función de distribuir las corrientes para refrigerar la temperatura); frente a una gran laguna advertimos cuellos largos que emergen, son los Brachiosaurus que eran tan altos como el tercer piso de un inmueble. Aquí y allí manadas de Ttriceratops, reptiles de tres cuerpos temibles en los enfrentamientos. Sobre el espejo de la laguna, en el aire los Pteranodontes, reptiles voladores de más de ocho metros de envergadura que cual planeadores cazaban sobre las aguas. A nuestro lado un gigantesco Brontosaurus (reptil herbívoro) de casi 20 metros de largo y de 170 años de edad pasta sin fin para poder alimentar su cuerpo. Poseía un segundo centro nervioso en la región dorsal de la médula espinal. De pronto un gran pánico se apodera de todos éstos animales. El Brontosaurus comienza una dificultosa carrera hacia la laguna, por entre un claro asoma el REY DE REYES de los temibles, el Tiranosaurus Rex carnívoro bípedo de unos 15 metros de largo, que al igual que los Allosaurus y los Ceratosaurus sembraba el terror entre sus congéneres. Lo vemos encaminarse a la manada de Triceratops, todos huyen (no porque sean menos poderosos que aquel) pero un Triceratops viejo y solitario con huellas en su cuerpo de otros combates antiguos, queda a la expectativa. El carnívoro se acerca no muy decidido y el Ttriceratops en un acto reflejo pasa de la inactividad a la carrera veloz, son ocho toneladas con tres poderosísimos cuernos a sesenta kms. Por hora. Si bien el Tiranosaurus podía ser un poco más feroz por ser cazador, por experiencia, no siempre tenía suerte y se sabe que la victoria en la batalla era relativa según las circunstancias. El carnívoro trata de eludir el golpe con sus dos miembros inferiores (los únicos que tenía desarrollados) pero el choque de los colosos es terrible, uno de los cuernos del Triceratops se hunde sobre una de las patas de su enemigo, pero rápidamente éste utiliza su tercer arma mortal, sus mandíbulas de unos dos mil dientes destrozan el lomo del herbívoro que lanza un grito de dolor.

Ya no podrá liberarse y se desangrará aunque trate infructuosamente de escapar. Esta escena se habrá repetido infinitas veces con fortuna para uno u otro durante millones de años. El carnívoro se aleja, satisfecha su hambre pero con una herida que lo acompañará siempre. Millones de años después un paleontólogo descubrirá los restos del Triceratops, hasta es probable que encuentre las huellas del “matador” y reconstruirá aquella jornada.
Así ocurrió en 1928 “cuando el 26 de setiembre al 4 de octubre se celebró en Budapest el Congreso de la Sociedad de Paleontología de la que son miembros Paleontólogos de todos los países”. Entre los que se había figurado para hacer una comunicación se hallaba el Dr. Fr. Spillmann, joven científico alemán que vivía en Quito, Ecuador. Al subir éste a la tribuna de los oradores, nadie sospechaba cuan interesante y sorprendente iba a ser su contribución. En efecto, el Profesor Spillmann empezó el informe con la noticia de que en Abril de 1928 había encontrado a 13 kms. al Este de Quito, en el pequeño pueblo ALANGASI, el esqueleto completo de un Mastodonte, esto es de un proboscidio prehistórico. En sí mismo tal hecho nada hubiese tenido de extraordinario si no fuera que junto al esqueleto encontró restos de recipientes, juntas de lanzas y un “hogar”. Las imponentes Tobas Volcánicas esparcidas aquí y allá formaban aquel soporte de arcilla azul (con espesor de 1.5) y el esqueleto del Mastodonte se encontraba en la superficie de la arcilla azul, con la boca abierta y las patas abiertas también. El gran fuego que los cazadores habían encendido confirió un tono rojizo a la arcilla y chamuscó parte del esqueleto. Las vértebras cervicales habían sido rotas con una gran piedra redonda de 40 cms. que se hallaba en el lugar. En el lado derecho podían verse todavía huellas de dos heridas curadas de punta de lanza. Revelaban que el animal había sido atacado por hombres. En la región pélvica se hallaban cierto número de excrementos. Los jarros al costado del animal llevaban claramente rasgos de la Cultura Maya y eran de una antigüedad de 1600 a 1800 años.

Según este dato el MASTODON POSTREMUS vivía pues en los primeros siglos de nuestra era. Seguramente la manada vagaba por la Altiplanicie del Ecuador y bajaba al río al atardecer. Desde la elevada orilla los cazadores al acecho lanzaron una gran piedra que alcanzó a uno de los animales. Este se desplomó mientras los demás emprendían la fuga. Los hombres bajaron corriendo y no costó mucho rematar al animal ya herido. Apenas hubo expirado trajeron leña y la apilaron a su alrededor, levantaron con gran fatiga el cuerpo y en algunos lugares lo sostuvieron con palos. Luego que se apagó totalmente el fuego, los cazadores se abalanzaron sobre la bestia, pero una gran tormenta azotó el lugar, las aguas torrenciales ablandaron el suelo. De repente un gran pedazo de la empinada grilla, arriba del lugar del fuego se desprendió y recubrió todo con una gruesa capa de barro. Cuando la tormenta pasó todo estaba cubierto de lodo y canto rodado. La sorpresa de éste hecho era que según conocimientos anteriores de los paleontólogos, los mastodontes no habían sobrevivido en Europa, Asia y Africa al Terciario, en tanto que en América eran frecuentes todavía en el Cuaternario, vale decir en el Pleistoceno. Pero es evidente que una de las especies se había mantenido hasta principios de nuestra era. Por ejemplo en Abril de 1984 en la Laguna Setúbal, 500 metros al Este del ahora sumergido complejo turístico Piedras Blancas, donde se encontró una vértebra gigante. Sobre la base de éste hallazgo, se puede determinar a que animal perteneció y los aspectos de nuestro suelo hace miles de años.

Así día tras día se suman en el mundo restos fósiles de éstos animales que un día; hace millones de años sin causa determinada desaparecieron y extinguieron completamente. Las posibilidades que se abren son varias y de distinto calibre:

a) Según el Dr. Stephan Zamenhoff, afirmó que la desaparición de los dinosaurios se debió cuando éstos alcanzaron su máximo grado de diámetro y volumen. Pero no encuentra explicación de los pequeños saurios.

Por su parte

b) Boule y Piveteau opinan que fueron los mamíferos los que lograron la extinción de los dinosaurios al devorarse los huevos. Sin embargo esta teoría presenta también una dificultad para demostrarse pues no eran numerosos los mamíferos del Cretácico y sólo alcanzaron su desarrollo en el Paleoceno. Pudo haber habido una leve competencia entre mamíferos y reptiles, pero en el caso de los mamíferos devoradores de huevos, los reptiles compensaban ese mecanismo con una mayor puesta. El gran paleontólogo Lapparent piensa que: “el aumento de tamaño de los dinosaurios fue la causa de su desaparición, basándose en la ley general que cuanto mayor crecimiento de animales, menor densidad de población. En éste caso causas y efectos se convierten en complejos mecanismos que se interaccionan y que pudieron contribuir a la extinción”.

La hipótesis del virus queda casi descartada pues el virus que supuestamente atacó a los saurios tendría que haberse extendido por todo el mundo y afectado a todas las especies de reptiles cosa que no ocurrió. La teoría más en boga nos dice que los grandes cambios climáticos desequilibraron el medio ambiente donde se desarrollaron los saurios. Para algunos científicos esos cambios fueron lentos y pausados, para otros fueron violentos y rápidos. La variedad de temperatura, el descenso de la humedad, la emersión de nuevas tierras, así los Dinosaurios no pudieron vencer ese obstáculo y perecieron, cosa que no ocurrió con determinadas especies como los cocodrilos y los quelonios. Otra de las posibilidades sugiere que como se comprobó, los huevos de Dinosaurios del último período ostentan una falta de calcio considerable, esto conformó problemas patológicos graves en esos animales como huesos deformes correspondientes a esa época.

T. Swain en 1976, aportó la hipótesis de que el desarrollo de las plantas angiospermas contribuyó al final de los Dinosaurios. Estas plantas desarrollaron sustancias químicas que podrían haber afectado a los dinosaurios herbívoros, haciendo que éstos escaseasen y como consecuencia que los carnívoros también lo hagan, y compitan entre sí. T. Swain sugiere que las lesiones orgánicas producidas por la alimentación de plantas con alcaloides y taninos podrían haberse acusado en el desarrollo anormal de la glándula pituitaria y en el excesivo espesor de la cáscara de los huevos, que podrían haber impedido la eclosión de éstos. Toda esta hipótesis parece bastante aceptable y no se duda que la vegetación influyó. Sin embargo queda por explicar porqué también desaparecieron los reptiles marinos que no se alimentaban de plantas terrestres. Sin duda la hipótesis de la vegetación tiene que completarse con otros factores como la del enfriamiento del agua.

Otra hipótesis afirma que las inversiones en los polos magnéticos terrestres pudo haber alimentado momentáneamente el escudo de protección de radiaciones cósmicas. Esto podría ser provocado por el choque de un gran meteoro y por supuesto esta teoría no puede ser descartada. Luis Alvarez, Premio Nobel de Física y su hijo sostienen que un gran asteroide chocó con la Tierra hace unos 65 millones de años. Una masa cien veces más grande que el asteroide se elevó a las altas capas de la atmósfera sumergiendo a la Tierra a una noche que duró tres años, o tal vez más.

La teoría de la Supernova fue formulada por primera vez por el Dr. I. S. Shklovskii del Instituto de Investigación Cósmico de la Academia de Ciencias de Rusia. El estallido de esa estrella podría haber provocado – afirmo Carl Sagan – un flujo de partículas cargadas con alta energía que penetró en nuestra atmósfera y tal vez destruyó la capa de ozono atmosférico permitiendo la filtración de rayos ultravioletas.


Es muy posible que alguna de estas teorías pueda haber tenido lugar, o que algunas de ellas conjugadas ayudaron al progresivo fin de los reptiles.

Quizá varias fueron las causas y el “fin del reinado” llegó.... y dio paso a otros nuevos dueños del escenario natural... los mamíferos. Por el momento nos contentamos con estas posibilidades, mientras los paleontólogos continúan descubriendo nuevas huellas de remoto pasado. Ellos y su tenaz esfuerzo de búsqueda nos hacen sumergir en la Noche de los Tiempos para contemplar con admiración y asombro, nuestro pasado...y el de los antiguos reyes, que hoy podemos avistar en sus vestigios fósiles, en los Museos de Historia Natural.

 Por Carlos Daniel Ferguson

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